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El muro entre EE UU y México, un polémico y casi imposible desafío

Por Redacción

¿Puede Donald Trump cumplir su promesa de construir un muro a lo largo de los 3.000 km de frontera entre EE UU y México para impedir la inmigración ilegal? Y lo que es más, ¿puede hacer que México lo pague? Por supuesto que puede construirlo, pero no es tan sencillo como dice. Levantar el muro, una iniciativa muy festejada en los actos de campaña del magnate, que busca la candidatura presidencial republicana, es una empresa compleja y rodeada de dificultades. En su camino se alzan numerosos obstáculos burocráticos, diplomáticos, ambientales, monetarios y logísticos. Y obligar a México a pagar la factura no será sencillo. Su presidente Enrique Peña Nieto ha rechazado de plano esa posibilidad y comparó la retórica de Trump con la de Hitler o Mussolini.

No es la primera vez que se intenta colocar una barrera física entre México y EE UU. Durante el segundo mandato de George W. Bush, el Congreso autorizó 1.200 millones de dólares para construir varios kilómetros de cerca doble, pero el gobierno afrontó un sinfín de obstáculos. Dueños que rechazaban las ofertas de compra de terreno. Preocupaciones ambientales y otras demandas. Ahora hay 1.046 km de cerco en la frontera, lo que incluye un valla de acero de 4 metros de altura en muchas zonas urbanas, diseñada para detener o reducir el número de personas que cruzan, así como barreras para vehículos, postes de acero más cortos llenos de cemento y plantados en el suelo. Construir eso ya fue un desafío, y un nuevo muro más alto como el que quiere Trump afrontaría sin duda la misma oposición, si no más.

En primer lugar, un acuerdo de fronteras de 1970 regula la construcción de estructuras a lo largo de los ríos Colorado y Bravo en la frontera mexicana. El texto indica que las estructuras no pueden perturbar el flujo de los ríos, que pasan por Texas y 38 km en Arizona y definen la frontera entre ambos países, según la Comisión Internacional de Fronteras y Agua, una agencia conjunta estadounidense y mexicana que administra el tratado.

Trump dijo que su muro no tendría que cubrir los 3.379 km de la frontera, pero aunque se excluyan los tramos bloqueados por accidentes geográficos, sigue habiendo graves problemas. En algunos lugares, las obligaciones del tratado y las zonas de inundación designadas en el río requerirían levantar el muro bien entrado el territorio estadounidense, lo que sería incómodo si el gobierno mexicano paga y supervisa el proyecto. Además de crear una especie de tierra de nadie entre el muro y la frontera real, un gobierno o el otro tendría que comprar grandes extensiones de propiedad privada, así como tierras de al menos una tribu indígena con territorio a ambos lados de la frontera en el sur de Arizona. En zonas donde la frontera es tierra seca en Nuevo México, la mayoría de Arizona y California, habría que construir estructuras para que el muro no obstruya rutas de paso naturales ni provoque inundaciones. Construir en estas zonas puede ser complicado y caro. En las sensibles dunas de arena del sur de California, por ejemplo, habría que instalar una “cerca flotante” que permitiera el movimiento natural de las dunas. Después están las cuestiones de conservación del medio ambiente. Grupos como Defensores de la Vida Silvestre y el Sierra Club presentaron demandas por algunos tramos de la cerca parcial que existe ahora y vendrían más a futuro.

El presidente mexicano comparó a Trump con Hitler o Mussolini

En diversos tramos de la frontera de California hay un total de 18 especies protegidas a nivel federal y en Arizona viven al menos 39 clasificadas como amenazadas, en peligro o aspirantes a obtener protección, según el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE UU. Suponiendo que Trump pueda sortear todos estos problemas, también debe lidiar con el costo y las consecuencias diplomáticas.

Muchas organizaciones que monitorean datos cuestionan la estimación de Trump sobre que el muro podría construirse por entre 10.000 a 12.000 millones de dólares. Y han rechazado su afirmación de que podría financiarse reduciendo el déficit fiscal de EE UU con México. Cifras emanadas del Congreso indican que el precio total de la actual cerca de 1.046 km fue de 7.000 millones de dólares. Y eso no incluye el mantenimiento. Trump insiste en que México pagará el muro, quizá con comisiones sobre el dinero que los inmigrantes envían a sus familias, con aranceles o por otros medios. Esas comisiones serían muy impopulares y probablemente los aranceles chocarían con el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio. En definitiva, el costo de esos aranceles también repercutiría en los consumidores estadounidenses.

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